Archivo diario: abril 16, 2015

De la inundación a la explosión: la literatura puertorriqueña ahora

“Un libro, cualquier libro, es para nosotros un objeto sagrado.” Borges

Cuba y Puerto Rico son.

Ricardo Rodríguez Santos

Apenas naciente la Revolución cubana, en 1959, Virgilio Piñera llama la atención acerca de los cambios que se producen como resultado del triunfo de Castro y los llamados Barbudos. Uno de los que más le sorprende es la cantidad de escritores surgidos casi de la nada, tal como él mismo afirmaría luego en un escrito titulado La inundación: En estos días del triunfo revolucionario – mitad paradisíacos, mitad infernales – no podían faltar en la gran inundación los escritores. Me sorprendió grandemente que en vez de una gota de agua aportaran Nilos y Amazonas… No podía dar crédito a mis ojos. ¡Cómo! ¿Dónde yo contaba diez o doce habría que contar doscientos, acaso quinientos o quién sabe si mil? La inundación ilustrada (o la ilustración inundada, léase como se quiera) anegó en su mar de tinta las planas de los periódicos: en estos días se ha hecho más “literatura” en Cuba que en una década ¡qué digo! que en cincuenta años de República.

Según varios estudiosos del tema, el triunfo de la Revolución impacta de inmediato la producción literaria en Cuba, si se toma en cuenta el auge editorial de la narrativa. Armando Pereira señala, por ejemplo, que en la primera década de la Revolución se publicaron casi sesenta novelas, más que en todas las décadas pasadas del siglo juntas. Este auge se debió mayormente a que el nuevo orden revolucionario permite el acceso a la imprenta de manera más abierta, con menor dificultad para publicar, pero con la condición limitante de escribir desde “dentro” de la Revolución.

En estos días en los que algunos celebran y otros sufren los 55 años de la Revolución, y que se desploma la cortina que separaba a Cuba de los Estados Unidos, parece casi una jugada del destino el hecho de que la es la literatura puertorriqueña la que atestigua un crecimiento editorial, de seguro sin precedentes, aunque no se ha realizado un inventario formal de todos los poetas, ensayistas dramaturgos y narradores que han publicado, y continúan haciéndolo.

Piñera hace sus comentarios desde lo que parece ser una óptica elitista, clasista, excluyente, aunque las circunstancias, claro, eran muy distintas a las nuestras. En nuestro País, también confluyen diversas y variadas visiones acerca de lo que es y lo que no es literatura. Aquí se enfoca la producción literaria desde una óptica similar a la que esgrimió el gran narrador cubano. Se comenta, a veces despectivamente, acerca de los grupos de escritores que, luchando contra todos los obstáculos económicos, políticos y hasta culturales, escriben y publican, la mayor parte de ellos por cuenta propia, ya que el gobierno brilla por su ausencia en el auspicio de los escritores nacionales.

Frente a los grupos de la élite se aúpa una cepa de poetas y narradores quienes, ante la ausencia de apoyo, han recurrido a las redes sociales para darse a conocer. La gran cantidad de nuevos escritores, más que una inundación, es una gran explosión. Cada semana se presenta un nuevo título, lo que resulta en la imposibilidad de seguir la lectura debido al volumen de publicaciones. En estas, el nivel de excelencia varía según los gustos de cada lector. Para mí, la calidad de los escritos sobrepasa cualquier expectativa. Lo más importante, no obstante, es que, a pesar de las circunstancias económicas y políticas que padecemos desde hace cinco siglos, la literatura puertorriqueña está más viva que nunca. Y si la literatura vive, la Nación respira. De los rastros que deje este estallido, solo el tiempo dará fe.

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