
“La sanción del crítico no es el sentido de la obra,
sino el sentido de lo que dice sobre ella.”
—Roland Barthes
“Aquí habrá pocas palabras,
pero yo sé que los silencios cuentan.”
—Julio Cortázar
La elipsis es un recurso literario que consiste en omitir información dentro de un texto, invitando al lector a inferir lo sucedido a partir de lo expresado. En otras palabras, permite al autor sugerir sin declarar, generando un vacío que el lector debe completar con su imaginación. Este mecanismo aparece en todos los géneros literarios, desde la poesía hasta la novela, y puede emplearse para provocar tensión, misterio, suspenso, humor u otros efectos.
En la narrativa, su uso es especialmente frecuente para realizar saltos temporales o insinuar hechos sin describirlos directamente. Por ejemplo, si un autor desea mostrar a un personaje afectado por un trauma, puede recurrir a la elipsis para pasar directamente a la escena en la que este se recupera en el hospital, omitiendo el episodio traumático. Así, se genera un impacto emocional que interpela activamente al lector. En la poesía, la elipsis también puede emplearse para causar sorpresa o evocar ideas más amplias y complejas.
Octavio Paz, uno de los más destacados poetas y ensayistas mexicanos, reflexionó con profundidad sobre la relación entre lenguaje, literatura y silencio. Consideraba al silencio como una presencia constante y necesaria, tanto en la vida como en la creación literaria. En su ensayo El arco y la lira, sostiene que el lenguaje no se reduce a palabras y frases, sino que incluye también los espacios entre ellas: los silencios, las pausas, lo no dicho. Para Paz, comprender estos elementos es esencial para alcanzar una visión más profunda del lenguaje y de la existencia humana.
Los filósofos griegos abordaron el tema del silencio desde diversas perspectivas. Para ellos, el silencio era una virtud, particularmente valorada en contextos de contemplación y sabiduría. Sócrates, por ejemplo, asociaba el silencio con la humildad, una cualidad que consideraba fundamental para alcanzar el conocimiento. Platón, por su parte, lo entendía como un requisito para la reflexión. En su diálogo Fedro, menciona a Harpócrates, dios griego del silencio, como figura inspiradora de introspección en quienes buscan la verdad.
Mijaíl Bajtín, influyente teórico literario y filósofo ruso del siglo XX, también reflexionó sobre el papel del silencio en su obra Problemas de la poética de Dostoievski. Para él, el silencio es una dimensión esencial de la comunicación, estrechamente ligada a la noción de polifonía, es decir, la coexistencia de múltiples voces y perspectivas en una obra. Según Bajtín, el silencio puede marcar pausas en el diálogo o en la acción, y ofrecer un espacio para que el lector intervenga activamente en la construcción del sentido. Asimismo, lo concibió como una forma de resistencia frente al poder dominante.
El microrrelato es un género que se define por su brevedad y su capacidad de condensar una historia completa en unas pocas palabras. Para lograrlo, resulta fundamental dominar herramientas narrativas como la elipsis. Este recurso permite omitir información relevante con distintos fines: generar suspenso, enfatizar determinados elementos o invitar al lector a completar la historia desde su perspectiva. En un formato tan limitado como el microrrelato, la elipsis se vuelve imprescindible para narrar con eficacia.
Quizá uno de los efectos más potentes de la elipsis sea su habilidad para crear misterio y suspenso. Al omitir detalles clave, el autor despierta en el lector la impresión de que hay algo oculto, lo cual lo motiva a continuar la lectura en busca de aquello no dicho. En este sentido, la elipsis actúa como un anzuelo que capta la atención del lector y la mantiene hasta el final.
Además, al eliminar detalles que podrían distraer, la elipsis contribuye a destacar elementos esenciales de la historia. Lo omitido, paradójicamente, intensifica lo presente.
Finalmente, este recurso permite una lectura participativa: al dejar vacíos en el texto, el autor abre un espacio para que el lector intervenga activamente, reconstruyendo lo no dicho con su propia imaginación. Esta colaboración implícita transforma la lectura en una experiencia más rica, personal y significativa.
Referencias
Barthes, Roland. El susurro del lenguaje. Traducción de Joaquín Jordá, Paidós, 1987.
Bajtín, Mijaíl. Problemas de la poética de Dostoievski. Traducción de C. Bayod, Fondo
de Cultura Económica, 1986.
Cortázar, Julio. Poesía completa. Alfaguara, 2008.
Paz, Octavio. El arco y la lira. Fondo de Cultura Económica, 1956.
Platón. Fedro. Traducción de Luis Gil, Gredos, 1992.
